sábado, 18 de agosto de 2012

Desértica destrucción.

Mencioné tu ausencia, sentí tus golpes y arrojé tus caricias a lo más profundo del pozo. Pozo en medio de aquel jardín que un día lo fue todo. Donde ahora las flores marchitan y la lluvia quema la naturaleza.
Columpio rojo, caídas que hacían reír. Momentos compartidos, risas y cariño que se van alejando en mi mente a medida que pierdo tus recuerdos. Se electrocuta mi alma, tantas tormentas que ya es inmune a los rayos que tu oscuridad lanzaba. Y cuando no me daba cuenta disfrazabas lo increíble de maldad. Y cuando menos me lo espero vienes a mi cabeza, y pareces tú otra vez, maldita sea. Como si nada hubiera cambiado. Como si siguieran allí tus manos en mi espalda, como si tus besos aún supieran devolverme a la locura. Locura de amor. Ahora ando enloquecido de otro modo, y me asusta, porque no te vas, porque no me dejas, porque me torturas y me torturo yo solo. Joder. Lágrimas de nuevo, que acompañan este sentimiento indescriptible. No me puedo creer que ahí fuera haga sol, que la gente tenga ganas de vivir y disfrute. Debería llover, debería haber nubes grises en el cielo que cubre mi soledad, ya siento caer la lluvia y ni siquiera es real.
 ¿Qué coño me has hecho?
Por un instante creo haber dejado de pensarte y todo vuelve, de golpe, como una ráfaga de viento que se choca contra mi rostro. Tu risa otra vez. Nuestros " escaparse del mundo" y tus manos, sobre todo tus manos. Que con sus caricias convertían la muerte en vida, cada día de mi puñetera vida. Esa que ya he perdido, por perderte a ti.
Peor que sentirse solo es sentirse acompañado en un recuerdo que ya no existe.


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