Te acostumbras a la indiferencia.
A veces a pesar de hacer frío, el calor lo ignora, otras te congelas.
Siempre hay dos caras en una moneda, la que permanece seria e impasible, otra la que intenta sacarle una sonrisa.
A veces estás tan seguro de que todo va a estar bien que ya ni te preocupas.
Te acostumbras a la indiferencia.
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